
El efecto látigo se refiere al fenómeno por el cual pequeñas variaciones en la demanda del cliente se amplifican progresivamente a medida que avanzan aguas arriba en la cadena de suministro.
Por ejemplo, un ligero aumento de la demanda en el punto de venta puede llevar a que los distribuidores —y posteriormente los fabricantes— realicen pedidos mucho mayores, generando fuertes fluctuaciones en las existencias.
Este efecto suele estar provocado por una comunicación deficiente y por previsiones mal sincronizadas entre los distintos socios.
Comprenderlo y controlarlo —mediante una mejor colaboración y el intercambio de datos en tiempo real— ayuda a evitar niveles de existencias incoherentes y ineficiencias operativas.