A un nivel general, se distinguen tres tipos principales:
- Seguridad de las aplicaciones: protección del código y de las funcionalidades del software frente a vulnerabilidades.
- Seguridad de la infraestructura: protección de los entornos, sistemas y plataformas donde se desarrolla y ejecuta el software.
- Seguridad operativa: protección de los procesos, la gestión de accesos y la respuesta ante incidentes.